El secreto de la libertad es el valor.

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martes, 23 de agosto de 2011

Miríadas

Nunca creí en los espejos
para observar mis miradas.

Pero me equivocaba,
porque miraba a
los ojos.

Hasta que la vi
reflejada
en una luz blanca
sin fondo.

A ella, profundamente
eterna.

lunes, 8 de agosto de 2011

Un proxeneta en la Corte Suprema.



Son pocos los recuerdos, hasta iniciar mis memorias. Junto a ti, recuerdo aquella vez que sola, te fuiste con tristeza. Pasamos con el auto, te vi ir. Como una premonición, el saquito rojo avisaba porque ibas con la cabeza gacha, y el dolor por algo. Que yo quería sanar. Que siempre querré sanar.

Hoy, me ilusiono con que seas feliz, y me esperanzo con que sea yo, el que aún pueda lograrlo. Mañana.

Tal vez, hoy y siempre. Son cosas que uno tiene que hacer, entrar en el sacrificio del diario relatar mis días. La novia, una escritura. La confianza y la autoevaluación. También, la reflexión propia y la defensa exterior de uno mismo. Sobre todo, hasta que haya que hacerlo por ella.

La escritura, la relación con la pareja. Una letra, un nombre. Toda una oración, con discurso elegante. Con amor orgulloso. Con todos tus infinitudes.

Habrá un retoño. Un libro. Un árbol que plantamos. Un hijo que tenemos. Una vida que seguirá sin haber sido condenada a morir. Pero muere. Cae en tus pestañas, se cierra cuando alguien las empuja. Suavemente las hunde hacía tu final sereno. Certero. Vivir o morir. Nada más habrá que esas dos posibilidades.

Las nuestras.

Las que quiero que no tengas vos. Quiero que seas una sola posibilidad: la de vida. Plena, total, absoluta. Feliz.

Esto será mi fuente de vida, porque no se hacer otra cosa, salvo salir airoso. Inmortalizado, en las eficiencias, solo yo me doy cuenta que todo sale mal, salvo lo malo que quiero hacer. Un destino, atrapada en miles de letras… qwertyuiopasdfghjklñzxcvbnm… 27 creo. Por 27, milles. Miles de millones. Una milla, una millonada. Una alegría y todas mis experiencias. Incluso, la única escapatoria para mis silencios, mis inconsciencias. Mis represiones y presiones. Publicar, para no discutir. Mostrar que mi teoría cierra, pero no mi destino. Muchos menos, su aplicación.

Al éxito. Con acento, esdrújula, en la segunda victoria.

Una tilde, una barra. Una prioridad y todo un significado. Que nadie logra, para sí mismo. A nadie le alcanza para sí mismo, el écito personal. Nadie más insaciables que las ganas de ser no mismo.

Recién hice un test, que conocía y no quise resolver bien. Por vagancia. No salí del 2% solo porque no quise. Porque tengo que entrar en un porcentual tan exacto. (Ahora ya no lleva tilde la ex). No hubiese sido mejor, un mínimo porcentual, antés que la inexacta exactitud de establecer la incerteza con la certidumbre que no será seguro el 2%. NO será porque hay otras 98 posibilidades. Pero también porque fue solo una muestra, no un control. No será porque hay otras 9.999 posibilidades, si le quiero dar comas y alimentar la fidelidad. No será por 99999999 o cuánto más, si solo le agrego un decimal mas a la misma conclusión. Porque ese es el límite, entre el éxito y la suerte. Un decimal.

Pasamos de tener 98 variables, a 9.999 sólo por agregar los dos decimales. Y ni hablar si le agregamos otros dos. Por eso, tenemos suerte cuando la naturaleza nos deja con las 98 variables, pero luego todo queda librado a nuestro azar. El 2%, puede ir del 2,00 al 2,99 y, todo ello, con un margen de error de 9999999999999999999999999999 realidades. Incertidumbres variables.

Para certezas, una persona. Vos.