El secreto de la libertad es el valor.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Padres sin hijos

A mi me da más miedo lo que mis viejos puedan ver en la tele, que lo que mi hijo pueda encontrar en Internet.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡Si si si!


Si si si! es nuestro nombre; Si si si! es nuestra idea. ¡Si si sí!
Eso, decir Si… ¡a la vida! Simple. Decir Si… ¡a la alegría! Sincera. Decir Si!… ¡para permitirnos ser! Simpatía.
Porque lo que recordamos de nuestra vida, parte de un Si! Siempre un Si! Entusiasma, permiten a la viuda ser vivida. Porque la alegria, es permitirse el “Si si si!” ¡Si, voy! ¡Si, acepto! ¡Si, vivo!
Nosotros dijimos ¡Si! Y así resumimos nuestra esperanza; Si!, nuestra confianza; Si, nuestros anhelos. Si, si SI!
Interrumpan la lectura para decirlo en voz alta. Verán como resulta necesario a fín de emitir el sonido, formalizar una sonrisa. ¡Anímense! Van a reir. Mencionar la palabra Si!, te obliga a abrir los labios, y formar con la asonancia una risita, tener la langua liuta para bailar al compás del placer de darse un permiso. Si si si! somos, porque queremos que se responda con una sonrisa.
Para pensar, recordar y compartir, tantos Si si si! que han pasado por nuestra vida… Toda primera vez comienza con un Si! Porque decir Si si si!, es compartir, aceptar, congeniar con otro, solo un momento, para hacerlo permanente.
Dar un no, es dar una negativa, y uno se vuelve como se vino; al aceptar el Si! uno también se va, pero volverá… distinto que antes de ir.
Decir “Si si si!” ¡Es animarse al momento! Si! es correr riesgos, pero no hay más inseguro que la Vida misma. Jamás nos arrepentimos sel Si, porque el Si si si! es permiso, concesión, amistad, abrir puertas. Al vivir, el compartir, Si! darse el gusto.
Si si si! Así estamos nosotros, con esa alegría de ser afirmación de la vida, contundencia por sobre el momento vivido. Si si si!es presente como afirmación.
Tener Presente es suficiente; es lo único que no nos puede faltar. Para que el presente se convierta en futuro, uno debe tener un SI SI SI!
Así cuando hay un Sí! construimos nuestro futuro: simple, simpático y sincero.
Vamos a… Si si si!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Más tiempo que el tiempo

El mayor homicida de la historia es el Tiempo. Su tranquilidad en la tristeza, su firmeza a no cerder ni un minuto, y el momento anhelado que nunca llega es un castigo de tal magnitud que sólo provoca muerte. De tristeza, de ansias, de miedo.
El tiempo, tortura por excelencia, ataca todos los frentes. Los momentos alegres se amainan de santiamenes, los primeros pasan a ser segundos. Sus desvaríos son luego devueltos en épocas de muchas espinas. ¿Cómo podría regalarlo? Ya no lo quiero. Por lo menos, no lo quiero mientras ella no lo comparta conmigo.

Ahora, pero estamos ahora. En el injusto presente. Tan efímero como nocivo. Donde suprimo el ahora. Por donde lo hago huir, a aquel que solo viene para irse. Esfumarse por cada uno de mis minutos vividos. Dónde lo puedo arropar, para que se despeine. Para que sus tinturas pierdan la calma de los brillos, se aceleren los colores sin distintivos, pero con compañía.
No entiendo como no lo comprendo. Porqué no acepto sus francas palabras. El Tiempo deja que yo discurra por sus poros, en pos de distintas aventuras y por incongruentes desgracias. Si sufrir, voy a hacerlo. Si, huir no puedo. Porqué no desnucarme con los pensamientos traseros. Superiormente suerficiales.
Ahora vuelvo al mismo retorno. Distinto, extremadamanente distinto al anterior. A pesar de volver a lo actual. A pesar de huir al futuro, y de proyectar el pasado. Escucho sonidos, y sonidos que entran en cada uno de mis dolores. Escucho ruidos, y ruidos que salen de cada uno de mis placeres. Escucho todo lo que me dicen, y nada sirve más que para suprimir la atención sobre lo que me esconden. Hago equilibrio, parado sobre la punta de una aguja, me agacho para enhebrar el hilo de mi destino dentro del ojal de mi porvenir. Las del reloj ya no giran, ni siquiera en sentido contrario, porque alguien las clavó en la más profunda de mis comprensiones. Lo se, unicamente, tengo que esperar. Para ver como "volucionan" -ni in, ni e- los diariamente aconteceres.
Ahora, ya no quiero hacer nada, más que secuestrar al Tiempo de sus pasos, obligarlo a andar sin sombra, por la dirección incorrecta. Porque no hay una Historia, sino que es el tiempo el que zigzagea, con rapacidad, a través de sus antojos. y se desplasa con la parsimonia de un segundo, por los bosques de minutos, que tapan el árbol de la hora.
Y allí, ante cada roce, el golpe, todo varía; en un estruendo, todo varía. Toda toma un nuevo rumbo, hacía aquel miserable, que ya no le teme a la Muerte, porque se rebeló contra el conocimiento del tiempo. Ahí le pierde el rastro a su Vida. Le pierde el rastro a su Suerte.
Se rebela a si mismo.Se gana a si mismo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Igualdad para distintos

Días atrás surgió la cuestión de si existe la igualdad entre el Hombre y la Mujer y, si toco este tema, es por la sorpresa que me generaron las respuestas. Si, algunos dijeron que no existía... Y todas, que tampoco. Muchos hombres negaron dicha posibilidad, pero fueron todas las mujeres las que le dieron fuerza a esa aberración.

Bah, con el párrafo anterior fui malo: el problema fue que no supieron expresarse. Era un juego, en que estabamos en ronda y uno planteaba una pregunta, y los demás ibamos respondiendo en ordén de las agujas del reloj. Me tocó ser el ante-último, e hice los mayores esfuerzos por contener mi opinión. Luego, cuando la dí comprendieron que lo que decían era lo que ahora pasaré a exponer.

La igualdad que rechazaron ellos, en realidad era eso: igualdad. Dicha palabra yo la tomé como Igualdad, y desde ahí respondí. Para mi ambos sexos son especialmente distintos, y esas distinciones son las que debemos defender, y hasta extender. ¡Qué hermoso que seamos tan distintos! Ahora, respecto a la Igualdad, es más lo que tenemos que defender, y aún más extender. ¡Qué hermosos que seamos iguales!

Entonces, el hombre y la mujer tiene que ser muy distintos -¿opuestos?- en sus hechos, pero iguales -¿idénticos?- en sus derechos. Pero ahora tendré que exponer la aberración: qué mal se expresa la gente, y cuánto daño se hacen entre ellos. Porque muchos consintieron la falta de Igualdad entre sexos, como dije, por sobre todo las mismas mujeres, y es a partir de allí que muchos la utilizan para generar aberraciones.

La mujer destruyó su lugar, un lugar en el que la habían ubicado, y hoy busca el suyo. Chicas, ¡cuenten con todo mi apoyo! Pero busquen su lugar, el que ustedes necesitan, y no ocupen el que nos ganaron a nosotros, los hombres, que fue el que nosotros necesitamos. Somos muy distintos, y ocupar el lugar del hombre no los hace Mujeres; las hará Hujeres, u otra cosa. Busquen su sitio, su destino, su genialidad. Están buscando, ahora, encuentren...
No habrá nadie, ni ustedes; ni nada, ni el lenguaje, que les prohiba ser. Mujeres.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ni triste ni perezoso

Hoy me levanté, con una lengua sobre mi cara, mi perra y su lamida, exigiéndome una necesidad de satisfacción: debía bajar a hacer pis, en la ciudad y sus restos verdes sobre la calle. A la naturaleza que tenía lejos, requería.
Eran las 6:15 de la mañana, de un día que no tenía amanecer, sino atardecer gris de invierno, de esos que incursiona al volver del trabajo -tarde, siempre tarde- para desplegarse en la inmortalidad que asume el hogar (por que cuando una vivienda se considera "hogar", lo será para siempre dentro de esa persona). Bajé, con cansancio de saber que allí terminaba mi dormir. Pero con ganas de acompañar esa solicitud. No estaba. Tampoco contento, pero eso no me transporta a la tristeza. Estaba en ser, sin pereza de saber que la vida y la muerte son principios del Tiempo.
Chomba, apenás más abrigada que cualquier remera. Remera-casibuzo, se podría decir, use. Un pantalón corto, pero que dentro del rubro indicado se debe considerar largo. Sin medias, mis pies se introdujeron en las zapatillas que no tengo que atar. Esas especialmente preparadas para no tener que atarlas y que sólo con un dedo sobre el talón alcanza. Y bajamos. Todos.
Juntos, porque nos indispensabilizamos lo suficiente. En todo, en mucho. A veces me ladra, pero no la entiendo. No logro entender lo que ella sabe que no puede decirme. Nos desesperamos, hasta que pactamos otro convenio: besos y abrazos.
Y, cuando lo diferentemente desconocido nos preocupa, nos buscamos mutuamente. Juntos, nos dividimos. Las tareas y los tiempos.
Ella ladra, buscando alejar la sospecha del suspenso, entre mis tobillos. Desde allí, desde su resguardo que sólo me cobija a mi en mi felicidad de ser ambos, ladra a la suerte. A la par de entre mis talones, sabiendo que si falla, tendré que actuar en mi papel de hombre. Nunca falló. O siempre fallamos en nuestros miedos, desfundados.
Pero al caso no importa: es la primera que actúa, es la que hace la gestión inicial. Ella, es la que lleva los pantalones en la familia.
Luego hizo, yo deshice, y subimos. Eran las 6:30; baño, fui al trabajo. Llegaría temprano, por lo que ella hizo: gracias. Así estuve siendo, ni triste ni perezoso. Uno más, de dos.