El secreto de la libertad es el valor.

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miércoles, 16 de mayo de 2012

Vivencia

Si lo que me gusta
Es
escribir, como no
voy a estar
escribiendo, aunque sea
esta
la primera impresión.

Que me sale
de mis recuerdos, mis proyecciones;
todo mi
pasado –el hecho, el rehecho, el deshecho–
y todo mi futuro
–mis sueños, mis pesadillas, mis dudas–
tiene una certeza.

La actualidad es
mía
aunque me rebalse
es necesaria. Y lo será
eternamente para la vida.



La proyección de nuestro pasado
nos hace olvidar nuestro futuro.

En ese mínimo
instante necesario
donde la actualidad interrumpe
nuestra vida.

viernes, 16 de marzo de 2012

Colas. Televisión. Elecciones.

Las Colas son únicas. Además de por que no hay dos iguales, sino porque también mágicamente quedan bien siempre; tal vez porque camaleónicamente “acomodan sus sabores”. A veces son exactamente amargas. Las veces que no hacen falta que sea exactamente dulce. Además, cargan con el mecanismo demencial de estar a tu disposición en todos lados. Igual que está en todos lados, en todos lados está igual. Garantía de confianza. Y que peligroso es confiar, cuando hay negocios de por medio. Su gas la explota. Resulta elemental, para darle efervescencia. Y se pierde lentamente. Por eso, se hace necesario siempre comprar una nueva. Teoría del Marketing vivo.
Mi idea original era poner el nombre de una droga ilegal, como la primera palabra del título de este escrito. La descarté, como también utilizar algún medicamento, sea o no placebo, como ejemplo. Me decidí por usar ese tipo de bebidas, por los motivos antes explicados. ¿Usar las “colas” fue un golpe bajo? Tendrá razón el que me critique por excluir a las Colas como drogas.
Luego, me convencí de usar la palabra televisión. Centro, en el medio, del fondo. Porque creo que la Televisión Exhibicionista es el emblema del espectáculo frívolo que hoy se vende producido industrialmente. Cómo las colas –bebidas con nulo valor nutritivo– el Pasatiempo, el consumo para satisfacer el momento, con el único objeto de distraer a las personas, sin darles sustancia, al volver, es el problema actual, sobre las elecciones.
Desvían, no solucionan. Tampoco permiten a (nos)otros advertir(se)lo.
Antes de hablar de los resultados de las elecciones, vuelvo a las Colas, para vincularla con la televisión, como productora de no-elecciones.
Concreto: nuevamente es la genialidad de un hombre, la que inventa al Hombre. Las colas cambiaron a las personas. Tanto, que lo cambian como la televisión. Mucho, mucho más actualmente.
Pero, esa magia también tiene su truco. El sabor, engorda. Al consumir algo, todo tiene que equilibrarse. Están hechas para desequilibrarnos, en el instante que estamos con ellas. Deliciosas, son inevitables en este mundo de contornos y sin conceptos. Inevitablemente, están pensadas para gustar. El cuerpo lo sabe. Pero, también es verdad que depende de cada persona, evitar excederse. Son hechizos, donde es bueno conocer lo oculto. En este caso, calorías sin nutrientes.



Y engordar se puede volver obesidad, es decir: una enfermedad. Ingresaríamos dentro de una “emia”, otra más. Quizás agrava aún más a esa en que ya nos colocaron los ilustres de la OMS. A fin de evitarlos, se nos informa lo máximo posible del resultado de la ecuación que aporta el ingreso de la gaseosa, a nuestro cuerpo. Post placer del consumo, las consecuencias son peores cuanto más periódico es el intromisión de esos elixires. Una advertencia, ante la imposibilidad de elegir.
Igual que eso, encuentro el negocio del espectáculo, con la televisión –por su inserción en los hogares– como mayor flagelo de propagación. Junto con las colas, que siempre la acompañan. Hoy, es la peor de esas “emias” porque convive con nuestras familias, que se agravan constantemente. No se los órdenes, ni me interesa buscar si debería ser una pandemia, endemia, o vaya a saber cuál es la categoría más grave, que usan los científicos de la OMS para catalogar la masividad de las enfermedades, para luego informar a las autoridades de los distintos países, las gravedad de las consecuencias de las políticas que ellos crean.
El espectáculo vacio conoce el mismo proceso que descubrieron las colas. La televisión lo industrializa, masificándolo. Se sostiene, con colas y Colas, pero también acomodando sus gustos, al del consumidor. Marketing ideal, actualizado minuto a minuto. Te ofrecen lo que vos vas a querer ver, pretendiendo que no cambias aunque no te guste lo que producen. El vicio, vivo.
Magia también. Como las bebidas colas, se acomodan al gusto del consumidor. Al momento, siempre listos para hacerlos suyos. También, como por las colas, por los espectáculos también pueden salir excrementos. Los televidentes son bebedores.
Si es válido mi razonamiento, propongo que la OMS estudie los efectos del exceso de exposición a espectáculos frívolos. Ver que inconvenientes provoca el sobre consumo, además del reconocido sedentarismo (también contraindicado para evitar la ya mencionada enfermedad de la obesidad). Achacada a las colas (sabrosas), entre otros posibles causantes. Por eso, deberían investigar que resultados tiene catar los sabores de “ese espectáculo-cola”, y las consecuencias de ampliar nuestra superficialidad, engordando nuestro desconocimiento personal.
Más allá de los resultados, no se dar algún consejo para evitarlo. Los mismos son inútiles, si no superan a los consejos que dan los publicistas. Ellos, sabios de nuestros deseos, le aconsejan junto a los triunfadores, donde no estará su éxito: si consumís esto, no serás parte de nuestro éxito. Sólo harás que la distancia entre los de allá, y los de acá, sea mayor.
Aún me queda pendiente la palabra elección, porque pensaba hablar acerca de cómo influye consumir siempre lo mismo, en nuestras Elecciones. La imposibilidad de apreciar la variedad, si todo el placer pasa por las “colas”. Pero creo que voy para el culo. No soy publicista, y menos bueno. Pienso en mi, y en las personas que me rodean. No estudio sus intimidades.
Si les sirve, yo realizo actividad diaria. Actividad cultural diaria, para soliviantar los consumos de colas que necesito diariamente. Sólo agrego que si me siguen terminarán escribiendo estas cosas, y tal vez concluyan creyendo que no pueden dar consejos. Porque consumir todos los consejos también puede ser perjudicial para la salud.
Intento evitarlos, fumándome uno, mientras empujo los hielos de mi trago.

lunes, 9 de enero de 2012

Papeles personales

“La realidad no es solo apasionante,
es casi incontable”. R.W.







Nunca cerraba mis escritos, al final. No los terminaba, ni incompletos quedaban. Resignado, cargaba aquello que me impedía ser otro mismo, cerrando el escrito. Así, no lanzaba mi grito en la lucha por la realidad (incluso sabiendo, que ninguna es definitiva).
Entonces, me escapaba siendo otra persona. Inventaba otra tarea: no hacer nada. Irresoluto, porque la concentración se me desencontraba en nada, por la perseverancia de ese dolor. De no publicar. De no ser-me. Y recurría a un analgésico, el que mucho sanaba. Iba a aquel libro, a invocar tu idolatría, aquella inspiración. Irresoluta para mí.
Aunque no lo releía. Iba, porque siemre me brilla aquella tapa opaca, de las primeras ediciones de Operación Masacre. No la moderna, esa que tan misteriosa nos parece (y se resuelve clara cuando ponemos una al lado de la otra) a los que leímos la novela de aquella primera tapa. Fue suerte o casualidad, y no es para alardear. Es porque así se expresa mis salidas, hacía aquel grande, que nunca lo consideré gigante. Aunque se que es infinito. Créanme, no tengo presenta a Walsh, salvo cuando sufro. Esto. Y, siempre recuerdo aquella caja de Pandora, envuelta en esa tapa, y todo los “algos” que me hizo sentir cuando (re)leí al (re)leer ese libro.
Ese mensaje envuelto en blanco y negro, con tanto dolor y orgullo. Algo se veía claro, blanco, eterno; Ese cuerpo tan vivo y tan rebelde. De un grueso, un hombre de trazo grueso, muy superior al típico Hombre Palito, aquel que se dibuja fácil, para no molestar a los dibujantes, aquel hombre de gruesa blancura, era asesinado con la cobardía de varios soldados de negro. La impunidad del que sostiene, es tan odioso como la gratuidad de odio del que dispara. Todo, por pensar tan distinto en la lucha por la verdad. O ni siquiera, en el caso este. Pura hijaputez. Corrupta barbaridad.
Luego la mejoraron, y el libro lo sentí más liviano. Aquella tapa era combativa. Eran más difusas las imágenes, pero resultaba más claro el mensaje. Más leíble el libro, para el que lo recibe con ganas.
De la lectura, todo lo que alojo, es como conjunto de eternas partes, que construyen una historia. La de la realidad.
Alguna parte me enseñó a no creer. O, mejor dicho, a no confiar en el discurso. La duda no miente, jamás. Plantear existencias.
También ser corajoso, orgullo de la honestidad. Animarse a ir, no. Obligarse a ir tras la verdad de la equidad, en pos de anhelar un mundo mejor para todos, lográndolo en cada uno de nosotros.
A dialogar, cuando te habla con la escritura, cuando te distingue a razonar a cambio de vos mismo, y a pensar que ya no podrás ser, vos mismo.
A la comprensión. Ser punzante con la estridencia de la pluma, apuñalando a la increíble cotidianeidad, manchándola con tinta.
A mirar todo, con el cuestionamiento de nuestros detalles. No para ser más atento, sino más equitativo o, su derivado, justo.
A escuchar, a dejar callar a todos por igual. Los silencios muestran que la imaginación supera a la lógica, y que en el tablero de ajedrez, el caballo sirve si es sorpresivo.
A creer en los ángeles, esos sostenes de los dioses. Que los ídolos los tiene cada persona, y los lucen al reflejarse en aquellos.
Así, uno preservará su libertad. Aunque sin necesidad de que sea, a través del ejercicio de las 7 virtudes que siempre me aconsejan.
Hoy, con sus 85 años de luchas, me hizo publicar mi nuevo escrito. Prometo que fue ÉL, quien me hizo luchar contra mí mismo.