Las Colas son únicas. Además de por que no hay dos iguales, sino porque también mágicamente quedan bien siempre; tal vez porque camaleónicamente “acomodan sus sabores”. A veces son exactamente amargas. Las veces que no hacen falta que sea exactamente dulce. Además, cargan con el mecanismo demencial de estar a tu disposición en todos lados. Igual que está en todos lados, en todos lados está igual. Garantía de confianza. Y que peligroso es confiar, cuando hay negocios de por medio. Su gas la explota. Resulta elemental, para darle efervescencia. Y se pierde lentamente. Por eso, se hace necesario siempre comprar una nueva. Teoría del Marketing vivo.
Mi idea original era poner el nombre de una droga ilegal, como la primera palabra del título de este escrito. La descarté, como también utilizar algún medicamento, sea o no placebo, como ejemplo. Me decidí por usar ese tipo de bebidas, por los motivos antes explicados. ¿Usar las “colas” fue un golpe bajo? Tendrá razón el que me critique por excluir a las Colas como drogas.
Luego, me convencí de usar la palabra televisión. Centro, en el medio, del fondo. Porque creo que la Televisión Exhibicionista es el emblema del espectáculo frívolo que hoy se vende producido industrialmente. Cómo las colas –bebidas con nulo valor nutritivo– el Pasatiempo, el consumo para satisfacer el momento, con el único objeto de distraer a las personas, sin darles sustancia, al volver, es el problema actual, sobre las elecciones.
Desvían, no solucionan. Tampoco permiten a (nos)otros advertir(se)lo.
Antes de hablar de los resultados de las elecciones, vuelvo a las Colas, para vincularla con la televisión, como productora de no-elecciones.
Concreto: nuevamente es la genialidad de un hombre, la que inventa al Hombre. Las colas cambiaron a las personas. Tanto, que lo cambian como la televisión. Mucho, mucho más actualmente.
Pero, esa magia también tiene su truco. El sabor, engorda. Al consumir algo, todo tiene que equilibrarse. Están hechas para desequilibrarnos, en el instante que estamos con ellas. Deliciosas, son inevitables en este mundo de contornos y sin conceptos. Inevitablemente, están pensadas para gustar. El cuerpo lo sabe. Pero, también es verdad que depende de cada persona, evitar excederse. Son hechizos, donde es bueno conocer lo oculto. En este caso, calorías sin nutrientes.
Y engordar se puede volver obesidad, es decir: una enfermedad. Ingresaríamos dentro de una “emia”, otra más. Quizás agrava aún más a esa en que ya nos colocaron los ilustres de la OMS. A fin de evitarlos, se nos informa lo máximo posible del resultado de la ecuación que aporta el ingreso de la gaseosa, a nuestro cuerpo. Post placer del consumo, las consecuencias son peores cuanto más periódico es el intromisión de esos elixires. Una advertencia, ante la imposibilidad de elegir.
Igual que eso, encuentro el negocio del espectáculo, con la televisión –por su inserción en los hogares– como mayor flagelo de propagación. Junto con las colas, que siempre la acompañan. Hoy, es la peor de esas “emias” porque convive con nuestras familias, que se agravan constantemente. No se los órdenes, ni me interesa buscar si debería ser una pandemia, endemia, o vaya a saber cuál es la categoría más grave, que usan los científicos de la OMS para catalogar la masividad de las enfermedades, para luego informar a las autoridades de los distintos países, las gravedad de las consecuencias de las políticas que ellos crean.
El espectáculo vacio conoce el mismo proceso que descubrieron las colas. La televisión lo industrializa, masificándolo. Se sostiene, con colas y Colas, pero también acomodando sus gustos, al del consumidor. Marketing ideal, actualizado minuto a minuto. Te ofrecen lo que vos vas a querer ver, pretendiendo que no cambias aunque no te guste lo que producen. El vicio, vivo.
Magia también. Como las bebidas colas, se acomodan al gusto del consumidor. Al momento, siempre listos para hacerlos suyos. También, como por las colas, por los espectáculos también pueden salir excrementos. Los televidentes son bebedores.
Si es válido mi razonamiento, propongo que la OMS estudie los efectos del exceso de exposición a espectáculos frívolos. Ver que inconvenientes provoca el sobre consumo, además del reconocido sedentarismo (también contraindicado para evitar la ya mencionada enfermedad de la obesidad). Achacada a las colas (sabrosas), entre otros posibles causantes. Por eso, deberían investigar que resultados tiene catar los sabores de “ese espectáculo-cola”, y las consecuencias de ampliar nuestra superficialidad, engordando nuestro desconocimiento personal.
Más allá de los resultados, no se dar algún consejo para evitarlo. Los mismos son inútiles, si no superan a los consejos que dan los publicistas. Ellos, sabios de nuestros deseos, le aconsejan junto a los triunfadores, donde no estará su éxito: si consumís esto, no serás parte de nuestro éxito. Sólo harás que la distancia entre los de allá, y los de acá, sea mayor.
Aún me queda pendiente la palabra elección, porque pensaba hablar acerca de cómo influye consumir siempre lo mismo, en nuestras Elecciones. La imposibilidad de apreciar la variedad, si todo el placer pasa por las “colas”. Pero creo que voy para el culo. No soy publicista, y menos bueno. Pienso en mi, y en las personas que me rodean. No estudio sus intimidades.
Si les sirve, yo realizo actividad diaria. Actividad cultural diaria, para soliviantar los consumos de colas que necesito diariamente. Sólo agrego que si me siguen terminarán escribiendo estas cosas, y tal vez concluyan creyendo que no pueden dar consejos. Porque consumir todos los consejos también puede ser perjudicial para la salud.
Intento evitarlos, fumándome uno, mientras empujo los hielos de mi trago.