El secreto de la libertad es el valor.

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lunes, 24 de enero de 2011

Mi

Nuestra totalidad
¿en cuánto?
es nuestro miedo
inconsciente de la época.

Nuestro cuestionamiento
¿a cuánto?
es nuestro sufrimiento
subconsciente de la época.

Vuestra Razón
¿hasta cuánto?
es mi certeza
consciente de la época.

¿Hasta cuándo?

Hasta adónde irá
la eterna comprensión.

Dale que venis

Dale, animate. Soltate. Al vacio. A tu vacio. Al abismo, a tu abismo. Si igual no querés lo que tenés. Sólo queres saber porque lo quieren los otros. Porqué es tan importante tener lo que no queres. Por que conocer lo que no conocés. Y no salís. Ahhh, te quedás atrapada por la inmovilidad de salir al balcón y gritar: ¡Ahhhh! Escribir, creo que es escribir lo que no me entra. Porque no conozco lo que me pasa, siempre lo experimenté, pero como débil presión sobre todos mis sensibles poros. Suspiro agregado como punto aparte, en cada uno de mis alardeantes expresiones. Lo que no encuentro en mi mismo, es lo que yo escondo dentro de mis miniaturas.  Minimizaba, para buscar en mi oculto lo que quiero como vivencia.
Destrozar la cobertura de mi cultura capitalista, pequeña manitura que critico con el fervor de quien solo puede hacerlo con prostitutas. Será esto lo que enfrente mi miedo. La fortaleza de la soledad de mi presencia, oculto por el miedo a la soledad de mi ausencia. Escucho a otro, decir otredades en el nombre de la psicofilopolisofía universal. …escribe un libro una persona que quiere que entendamos y acompañemos, a un simio que defenestra con la cualificación de: codiciosas, cínicas y rapaces.
Se queja que las menores no quieren creer en el amor, y después describe como apiolada el joven que sólo quiere que al día siguiente la chica no lo llame. Dice que las cuestionan por haber nacido, y no entiende porque no pueden comprender las obligaciones de sus padres…
Cuando será suficiente, el reclamo de mi lucha interior. Será hoy suficiente el momento que todo sea suficiente. Cuánto más me acerco al ojo del huracán, más me impiden mis soplos ingresar a la calma que encontraré en mi fuero exterior. Porque es en mis soplos de afuera, la cobertura del giro en espiral, donde más sufro la mirada del adentro. Es en los otros, en sus acechos, acosos acusatorios, y mirada defenestraste donde condiciono mi inestabilidad interior. Es yo, el que no quiere ser mi. Y, por eso, por todos, que culpo a mi mismo.

lunes, 17 de enero de 2011

Sit down



Escuchaba -como dice la frase de uno de sus separadores, "como casi todos los días"- a Metro y medio. A Sebastián Wainraich. Como el merece, a través suyo llegué al Stand Up, su faceta artística, y terminé confirmando mi reconocimiento como lo que es: un Artista (con mayúscula).
Ya lo era; siempre lo catalogué como tal, pero sentía que era un reconocimiento –justo pero- justificado solo por mi afecto hacia él, más que por la realidad del arte, sus prerrogativas y su objeto. Y, así, busqué racionalizar mi sensación y lo encontré por el lado de Walter Benjamin, y su legado: el "aura".
Sebastián la tiene; tiene ese aura del artista. Porque emociona. No es el que conmueve, representándote en una tragedia vivencial. No, es el que te hace pensar. El que te invita a que disfrutes de pensar que queres para tu vida. Que pienses, como lo llevas a cabo.
Así las cosas, continué analizando el Stand up, esa nueva modalidad de monologo donde ya no se inmersa en las profundidades de la vida, la muerte, el amor, el paso del tiempo... No. El stand up lo entiendo como diferente, con mayor participación del público, a través de las externalización de las sonrisas, pero también analizando lo importante de la vida: la realidad cotidiana. El día a día. La emoción constante, aunque no sea sonante. ¿Dónde se ubicaría este nuevo arte? ¿En la actuación? Pero no es cine, no es televisión. La radio, ¿es un arte? Basta de todo, lo es. Pero, el stand up, puede ser un libro -literatura- pero no está escrito, es oral. ¿Literatura oral? en este momento donde todo se escribe (mal, para esos muchos que antes se quejaban porque no se escribía; ahora es porque lo hacen mal).
¿Podría ser un próximo arte? Si el cine (cuánto le costo) es el séptimo, este podría ser el octavo... Así las cosas, veo las innovaciones de nuestro mundo, sus expresiones artísticas y pienso en otra posibilidad... Los jueguitos electrónicos, qué esperamos en reconocerlos como un nuevo arte. Tal vez sea este el octavo, y esa la consecuencia que me permita disfrutar de la Play 3, sin sentir que pierdo el tiempo... ¡Basta de todo! Sit down, y a disfrutar la octava maravilla.


jueves, 13 de enero de 2011

River a River

Mi blog sufre por un desinterés mutuo, tuyo y mío (el burro adelante para que no se espante). Desidia del delector (esa mezcla entre detector de talentos y lector de blogs); e indolencia del escribiente (no soy ni escribano ni escritor, simplemente vierto desaciertos en letras hechas palabras, ideadas por años de cultura humana).
Desconozco los motivos del primer grupo. Daré el simple motivo de mi incuria: costos. Eso, tan todo esto.
Me cuesta. Son varias las cosas: escribirlo, darlo a conocer, promocionarlo, difundirlo. Pero el vínculo unificador es la dificultad del costo, volcado sobre la incapacidad de asegurar el ingreso del reconocimiento. La dificultad a sortear sobre el sortilegio de que algo me cueste, es el agregado del rechazo ante lo desasnado por mis letras. Por mis ideas, ingiere que sea poco lo que hago por lo que es.

Intento.
Escribo, pero no lo paso. Lo difundo, pero a través de la conflictiva suerte. En leves promociones de la dirección web, mediante la inimaginable cordura de quien lee lo escondido billetes, con el agregado de la voluntad –mas el recuerdo– de ingresar a la página. Lo hago también mediante la exclusiva casualidad que surge del naufragio de la Inteeeeernet. El blog fue una buena novedad –otro costo animarme a abrirlo– me llevó a descubrir, que como un ser tiene sus anticuerpos y sus elementos de congregación, y encontrar el botón "siguiente blog" me da la oportunidad de agregarle más suerte a mi suerte ya que alguien, afín a la lectura o la búsqueda con tiempo de marinero, me lea, o me localice... ese llamador digital, me sirva como ilusiva esperanza. Tan necesaria esa ilusión de una esperanza, como la apatía que genera el miedo de saber que va a fallar.
Entonces los escritos no van, (ni)y los lectores tampoco vienen. Entonces, el espacio sufre…
Por lo que busqué, se me ocurrió otra forma de promoción, unificar intereses: escribir, para que lean pero sólo lo leerán si agrego “tendencias” al blog, tendencias atractivas. Conclusión: 1) escribir; 2) tags. Esas palabras de mayor búsqueda, para que Google, Yahoo, y cualquier buscador distribuye en un espacio determinado, con la onda “sopa de letras”. Siempre ese hado de la moda, para que me facture los atractivos de mis atrayentes, que por ahí me vienen con la suerte de no exigirme lo que no me sale: escribir bien.
Comienzo (o continuo, porque ya incorporé 3 palabras que me servirán de imán tecnológico) escribiendo palabras que hoy me informan como “WANTED” estilo western: sexo, Shakira, juicio, pelea, Tinelli, tanga, Dragon Ball, oral, en gel, OVNI, catástrofe, muerte y mucho morbo. (Será robo copiar estas palabras de otra página).

Como agitar el cubilete, antes de arrogar los dados sobre el verde paño, agito esas palabras con esperanza de bloguista. Atraer a los inatrayentes mediante palabras desatractivas.
Veremos la captación de mis palabras. Veremos el poder de Internet y la importancia de la inflación digital. Sino las cambiaré. Sino, cambiaré; sino lo cambiaré. Todo cambia, incluso, sin la venia del mundo. Por ahora, incorporo una foto, como correlato de mis palabras.

Así, me despido. Con palabras y este ir, mientras especulo con meter al delector, en mis digresiones, para que choque con sus comentarios finales. Que vean y disfruten, lo que la gente tiene para mostrar. Si arriban me harán vacilar si lo provechoso fue escribir. Dejo la pregunta como fin, para que la duda me lleve a lo importante... la ausencia de respuestas, que nos inventan los anhelos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Fin del mundo



Por más que lo mire
lo disfruto.

Por más que no lo sienta
me pesa.

Por más que conozca todos
sus misterios
me sorprenden.

Mi mundo termina
siempre
en los vaivenes
del mar.

Mis lágrimas se esconden
en sus aguas
espúrias.